Últimamente me preguntan algunas personas, en entrevistas, fórums, reuniones, encuentros causales ¿Qué pienso yo de la situación que vivimos actualmente, especialmente en España?

A algunos, mi respuesta les gusta, pero como que no va con ellos, a otros les sorprende, pues no entiende qué quiero decir. Pero a nadie le he visto asentar afirmativamente, de que eso podría ayudarles. Y eso me hace pensar, si acaso no estarán negando una realidad. Quizás aún no hemos sufrido suficiente. Pues el que realmente sufre, cambia, y aunque la mayoría están de acuerdo de que se ven pocos cambios en los banqueros, en los políticos, en la sociedad, donde se incluye tanto el que aquí escribe, como el que ahí escucha/lee, entonces quizás es que no hemos sufrido lo suficiente.

Allá en el 2008, cuando esta “bendita” crisis comenzaba, yo ya decía que si queríamos un cambio profundo de valores en nuestra sociedad, deberíamos sufrir mucho más. Algunos me miraban como si fuera un masoquista. Personalmente, no he sufrido mucho hasta el 2012. Aunque si he visto, y tengo gente muy cercana que ya empezaron a pasarlo mal, quedándose sin casa, sin trabajo, sin pareja, etc…

No sé si han cambiado, para mejor, lo que sí sé es que con algunas “benditas” excepciones, parece que seguimos premiando al banquero que por hacer ganar dinero a su banco, a base de despedir empleados, o con beneficios insultantes, se lleva un bono millonario, como si no le importase saber, que esos beneficios los ha logrado gracias al dinero de sus clientes, los cuales muchos lo están pasando muy mal. O los que aún dando perdidas, no les importa reclamar el pedazo de tarta que quedó en el plato, porque así lo estipulo antes de saber que no habría suficiente para repartir entre los hambrientos necesitados. O los políticos, que nos hacen creer que van a cambiar, a costa de la esperanza que no perdemos, pues es lo único que nos queda casi, aunque nos la vuelvan a dar con queso.

Cuando una persona sabe para que está sufriendo, el sufrimiento se convierte en parte del proceso del cambio. Pasa a ser como una estación por la que hay que pasar, sabiendo que hubo otras mejores, y que habrá otras mejores también. Lo importante, es reconocer que en esta estación, del sufrimiento, debemos ser consciente del dolor que tenemos, y qué fue lo que no hicimos o hicimos en exceso que nos ha llevado hasta el dolor. De esta manera, sabremos que, como le pasa a nuestro cuerpo cuando algo nos duele, si ignoramos las señales antes del dolor, ahora hay que reconocerlas para tratarlas. Y si queremos no volver a sufrir, al menos no por la mismas razones de antes, entonces en el dolor hay que dar los primeros pasos para recuperarse. En este estado es cuando tenemos la mayor oportunidad de reflexionar, de adquirir conciencia profunda y sobre todo de comenzar a adquirir hábitos sanos, acciones con intenciones que nos lleve hacia nuestros valores, pequeños gestos que se convertirán en grandes logros, pues la salud no se gana con una píldora, sino primero con una actitud, luego con unos hábitos pequeños pero constantes, y luego con un mantener en la salud los hábitos que pudimos implementar durante el dolor.

Si quieres cambiar algo de ti, si quieres mejorar tu negocio, si quieres que otras cosas mejoren a tu alrededor, aprovecha la estación del sufrimiento. Ponle un propósito, identifica la intención positiva de ello, y comienza hoy mismo, pues mañana, quizás las cosas no cambien si tu no cambias, o si cambian sin tu cambiar, estarás expuesto de nuevo a que te lleguen mal venidas, pues no hiciste nada por mejorar.

Y tú ¿Cuál es la intención de tu sufrir? ¿Cuál es el propósito de tus objetivos? O ¿Qué pequeños hábitos incorporaste durante tu sufrimiento y que ahora son parte de tu bien estar y tus logros?

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