Hace unos días tomando una BBC negra en una terraza del parque de la 93, Bogotá, con una amiga reflexionaba en voz alta la liberación que supone dejar marchar una idea. Pero no una idea cualquiera, sino lo que uno cree que es su sueño.

Hace unos meses, sintiéndome mentalmente cansado sobre un gran proyecto que manejo, algo que ha sido (y sigue siendo) tan importante, que hasta casi, casi, peligrosamente lo asocio con mi identidad, y no sabría decirte realmente si lo siento como algo mío, como persona, o si simplemente me ocupa tiempo y soy capaz de desligarme de ello.

Creo que por muchos años he hablado como si ese proyecto fuera yo, o como si yo fuera ese proyecto, y eso me ha marcado un apego que en un momento dado, cuando las cosas no iban bien, sentía que algo en mí se moría. De ahí, que cuando hace pocos meses tomo la decisión de dejarlo marchar, me doy cuenta que puedo efectuar cambios que antes no hacía, me doy cuenta que mis emociones se transforman, mis relaciones con otros, e incluso mi relación con el proyecto.

Este dejar marchar el apego tan personal que tenía al proyecto, me permite ver otras posibilidades. Aún no sé qué pasará con el proyecto, pues estoy aún en la fase del destete de un ideal que tenía, sin embargo, empiezo a ver múltiples posibilidades, que sin apegarme a ninguna de ella, me permiten fantasear de nuevo que quizás el sueño se pueda cumplir, o quizás no. Que quizás en qué quede transformado el proyecto, sea en algo que no mi había imaginado jamás, o quizás sí.

Todo ello me recuerda algo tan importante, y que demasiado a menudo cometemos el error, de apegarnos a cosas materiales, a personas, a proyectos, ideas, creencias, etc… que llegamos a identificarnos con todo ello de manera que no queremos aceptar que las cosas, las personas, las ideas, el mundo cambia, y nosotros nos quedamos viendo pasar el tren, cuando en realidad podríamos desapegarnos y seguir nuestro propio camino, pues es este el único que realmente podemos andar, el único que nos llevará a un destino nuestro, y no de los demás.

Te dejo con unas preguntas:

  • ¿A qué ideas, proyectos, creencias, personas te estas apegando que sientes que tu energía está ya al límite?
  • ¿A qué tendrías que renunciar para dejar marchar esa carga tan pesada emocional, aunque no sepas aún cual es el próximo paso?

Un saludo cordial,

Jose L. Menéndez
Presidente de OlaCoach

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